Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

Cómo aumentar la autoestima

Tras un tiempo de silencio (medio forzoso) aquí estoy de nuevo para tratar un tema que seguro interesa a todos aquellos que están educando niños: la autoestima. La autoestima es la que va a determinar cómo nos desenvolvemos en la vida, qué listón ponemos a nuestras aspiraciones, de qué manera gestionamos el fracaso y hasta cómo van a ser nuestras relaciones. Una baja autoestima está en la raíz de la mayoría de los problemas emocionales de niños y adultos. En los niños es especialmente peligrosa porque es el abono perfecto para conductas autodestructivas como trastornos alimentarios, consumo de sustancias nocivas, o para seguir la corriente al grupo, por inaceptables que sean sus requerimientos. Dicho esto, es evidente que la autoestima es una de las primeras cuestiones que un educador debe abordar.


Debido a mi trabajo con niños en riesgo de exclusión social, el tema de la autoestima ha sido uno de los más tratados a lo largo de los años. He tenido acceso a todo tipo de materiales didácticos que trabajan este tema con niños y adolescentes y he podido verificar los resultados de estos métodos con cientos de ellos. Estas metodologías cosisten básicamente en recordar a los niños aquello que tienen de valioso como seres humanos y como individuos, en hacerles saber qué es lo que los demás aprecian de su forma de ser y en ayudarles a aceptarse y aceptar las imperfecciones que puedan tener. Hay juegos, dinámicas de grupo, cuentos y fichas, todos ellos abordando estos mismos aspectos.

Pero lo que he podido comprobar a lo largo de los años es que la autoestima no se puede enseñar con juegos y cuentos. Los resultados de las sesiones son positivos pero a muy corto plazo: en poco tiempo los participantes vuelven al punto de partida. Es decir, hay un efecto positivo, ya que a fin de cuentas se trata de recibir un baño de halagos, pero a la larga aquello que ellos consideran sus defectos (o incluso complejos) vuelve a tener protagonismo en la imagen que tienen sobre sí mismos. 
Lo sorprendente es que aquellos niños que recibían refuerzo positivo en el hogar, tampoco presentaban una autoestima mejor que la de los demás. El refuerzo verbal (los halagos) por sí mismo no es capaz de consolidar una autoestima saludable.

¿Por qué no funcionan estos métodos? 

Imagina que yo, sin consultarte, decido impartirte unas sesiones para que ames a mi actor favorito, al que tú no soportas. Imagina que te pido que me digas cuáles son sus cualidades y que hagas un dibujo a todo color representando estas cualidades. Imagina que reuno a más gente para que te hable de las maravillas de dicho actor. Bueno, en el mejor de los casos voy a conseguir que te caiga un poco mejor; en el peor acabarás con tal saturación que tu rechazo se volverá irremediable (que es lo que les suele pasar a los adolescentes).
Lo mismo ocurre con las sesiones de autoestima. Igual que el amor a otra persona, la autoestima nace desde dentro, por lo tanto no es algo que alguien pueda inculcarte. La autoestima es amor propio, amor a uno mismo y esto es algo que cada uno tiene que sentir de forma natural, porque el amor, ya sea hacia otros o hacia uno mismo, no se puede crear desde fuera. 



¿Cómo cultivar la autoestima?

He conocido casos de niños y adolescentes que han logrado una autoestima sólida y duradera, aunque todos ellos partían desde un punto de gran rechazo a sí mismos. Ellos me han enseñado cuál es el mejor método para cultivar el amor y el respeto a uno mismo. Todos ellos en un momento dado han empezado a hacer cosas de las que se sentían orgullosos y a raíz de esto empezaron a quererse y respetarse a sí mismos. Lo repito, para que quede bien claro: la única manera de mejorar la propia autoestima es haciendo cosas de las que sentirse orgullosos, es decir, comportándose como la persona que a uno le gustaría ser.


Autoestima a través de la creatividad

El gran problema que tenemos hoy en día, en nuestra sociedad civilizada, es que los niños apenas tienen retos con los que medirse y desde luego no tienen ninguna obligación hacia la sociedad. Su único cometido es sacar buenas notas en el colegio, cometido que en muchos casos se ha rebajado a solo aprobar todas las asignaturas y no repetir curso. Bueno, repetir curso ahora mismo tampoco es tan grave. De este modo toda la autoestima de un niño se mide en notas de colegio, notas que provienen de un sistema estandarizado en el que si tienes la suerte de encajar, vas bien, pero si no, vas mal.
Hoy en día los niños no tienen utilidad para la sociedad. ¿Conoces a alguien que no tenga utilidad y se sienta orgulloso de sí mismo? No, porque nuestra naturaleza nos pide ser útiles a los demás. 
Evidentemente no estoy hablando de que los niños vuelvan al trabajo, a levantar cargas pesadas bajo el mando de algún tirano. Pero creo que se les puede invitar a ser útiles de muchas otras maneras, usando su creatividad. Por ejemplo, se les puede pedir que inventen algún artilugio para que el abuelo camine con menos dificultad, o a escribir cuentos (o cartas) para los niños que están ingresados en el hospital, o hacer un vídeo (o audio) que promueva el respeto a los animales.
Cuando las personas hacemos cosas que ayudan a los demás de manera desinteresada nos percibimos a nosotros mismos como buenas personas y entonces nos queremos y respetamos desde la profundidad de nuestro corazón. Y esta es la manera de mejorar la autoestima.
Aquí he puesto tres ejemplos de actos útiles que los niños podrían realizar. La lista real es infinita. Es muy importante que tengas en cuenta los intereses de cada niño a la hora de proponerle las actividades, ya que si la causa escogida no resuena en su propio ser, si no es su causa, la actividad no tendrá tanto impacto (o no tendrá ninguno en absoluto, en algunos casos). Con el tiempo serán los propios niños los que pueden proponer acciones con las que ser útiles y aportar su granito de arena a mejorar el mundo, porque la creatividad, una vez puesta en marcha, se mueve por sí misma.

¿Se te ocurre alguna idea para proponer a los niños?



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Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Yo lo resumo así: 1º Competencia , 2º autoestima, confianza, etc. La competencia se basa en hechos o logros tangibles; la autoestima es etérea, volátil, dura poco si no tiene base en la realidad. Pero nuestra cultura pone la carreta antes de los bueyes.

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    1. Pues yo creo que la confianza va antes que la competencia: si no tengo confianza en que puedo lograrlo ¿de dónde voy a sacar la perserverancia que se necesita hasta volverse competente?
      Aquí tenemos un tema a debatir.

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  2. Muy útil y práctico, me ha gustado. Es verdad que los halagos y centrarnos en nuestras cualidades es un ejercicio bonito pero que no deja mucha huella a medio plazo.

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    1. Sí, es bonito, de vez en cuando se puede hacer, pero no se puede basar toda la educación de la autoestima en esto, porque no es eficaz.
      Gracias!

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  3. ¿Es la autoestima igual a confianza? ¿Se puede tener uno sin lo otro?

    Se me ocurre como ejemplo el no creerse capaz de hacer algo, por no sentirse válido, etc, y hacerlo igualmente. O defender tu individualidad sin dejar que el ambiente te influya para hacer lo que tú no quieres hacer (se me ocurre en la adolescencia con fumar, etc) pero sin embargo, faltarte la confianza para luego SÍ hacer lo que quieres hacer.

    Me resulta bastante confuso.


    También opinio que la confianza viene primero que competencia e incluso que autoestima. Estos son resultados de lo primero y de hacer (aunque no estoy tan segura en el tema de la autoestima, intuyo que eso es un trabajo que sale de dentro, de creerse suficiente aquí y ahora, en lugar de supeditar tu autoestima a ser competente en algo).

    Autoestima (trabajo interno) > Confianza (para hacer o no) > Competencia (al ser y hacer lo que uno siente y necesita) > Autoestima (cerrando así el círuculo).

    Me interesaría bastante oir tu opinión al respecto.


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    1. Muy interesantes todas las cuestiones que planteas.

      En mi opinión, la autoestima y la confianza van de la mano, ninguna va antes que la otra, sino que se van desarrollando a la par. Una persona sin confianza en sí misma no tiene buena autoestima, del mismo modo que una persona sin autoestima no tiene confianza en sí misma. Si vas ganando confianza, subes tu autoestima; si subes tu autoestima, ganas confianza. Cualquiera de las dos es buena para empezar.
      Personalmente, con los niños con grave retraso escolar, empezaba por la confianza, ya que eran niños que tenían interiorizado que no servían para nada y que eran una especie de "personas descartadas". En cuanto a los niños que presentaban problemas de integración en el grupo o de asertividad, empezaba por la autoestima. Hay que mirar cada caso y en función de los objetivos, se plantea una estrategia u otra.

      En el caso que me planteas, de los adolescentes que se resisten a la presión del grupo, pero luego no hacen lo que les gustaría hacer, yo diría que se trataría de chavales con una fuerte asertividad, pero sin suficiente VALOR. Confianza no es lo mismo que valor, en los términos en los que yo me refiero. Yo cuando hablo de confianza me refiero a que uno se sabe capaz de hacer cualquier cosa que se proponga si le dedica el esfuerzo suficiente. Yo no tengo confianza ahora mismo en ser capaz de hacer operaciones matemáticas complejas, pero sí tengo la confianza en que si me esforzara y me propusiera lograr este objetivo, tarde o temprano lo conseguiría.
      El valor de hacer lo que uno quiere, digan lo que digan, asumiendo el riesgo de fracasar tiene mucho que ver con la autoestima, pero también tiene que ver con una personalidad ya asentada y madura.

      Entonces, según mi criterio:
      Autoestima: amor y respeto a uno mismo como persona.
      Confianza: saberse capaz de alcanzar objetivos que en el presente no son alcanzables
      Valor: atreverse a hacer y fracasar hasta llegar al éxito
      Competencia: conjunto de habilidades adquiridas para hacer lo que se quiere hacer.

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  4. Muy interesante tu respuesta Anca. Muchas gracias.

    Muy acertada y esclarecedora la introducción del valor en la ecuación. Pero me van surgiendo más preguntas a medida que leo. Si el valor es proporcional a la personalidad asentada y madura (lo cual creo que es así), ¿Qué favorece la madurez y por tanto el valor? Me estoy refiriendo a casos en los que la evolución normal de dicha madurez se ha truncado en algún momento del crecimiento y donde el miedo se ha instalado de forma muy profunda y que se retroalimenta a sí mismo, entorpeciendo de nuevo el paso a una personalidad asentada.


    Muchas gracias por tu labor y por expresar tan bien términos a priori confusos.

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    1. Yo creo que el valor y la personalidad madura son la consecuencia de haberse caído y levantado muchas veces. También la confianza viene de ahí, porque lo que te da valor para afrontar riesgos es la confianza en que si fracasas sabrás arreglárselas.

      En cuanto al miedo, hay de dos tipos: el común, que nos protege de involucrarnos en riesgos peligrosos sin meditarlo bien y el adquirido, que es el que paraliza.

      Para curar este último miedo hay que darse buenos batacazos. Si no lo haces, nunca vas a saber de cuánto eres capaz, nunca vas a conocer tu sorprendente fortaleza. Las personas con miedo paralizante son personas que han sido sobreprotegidas (dejamos aparte las personas con algún miedo o fobia específico, porque en este caso se trata de un trauma relacionado con el objeto del miedo). Si tus padres te protegen para que no sufras nada de nada, van a convertirte en una persona intolerante al sufrimiento. Se puede ver en casos en los que se cumplen todos los caprichos, creando así niños sin tolerancia a la frustración. Con el miedo pasa lo mismo: si no te has expuesto a riesgos, si no has comprobado cuánto duele una caída, si no has verificado que eres capaz de curar las heridas y remontar, es decir, si no has conocido de primera mano "lo peor", te vas a imaginar este " lo peor " mucho más grave de lo que es y con el tiempo se hará una montaña insalvable.

      ¿Cómo quitarse el miedo de caerse de la bici? Yendo en bici. Primero con ruedas de apoyo y alguien sujetando el sillín, luego sin ese alguien y luego sin las ruedas de apoyo.
      Así se quitan todos los miedos, corriendo riesgos controlados. ¿Quieres ser trapecista? El miedo sano te dirá que te vas a caer si intentas columpiarte cabeza abajo a 10 metros de altura. Entonces primero ponte en forma, luego prueba un ejercicio sencillo con red debajo y ve subiendo el nivel. Y cada vez que subas el nivel volverás a tener miedo, pero será del bueno, no el paralizante.

      Gracias a ti, planteas muy buenas cuestiones y comentarios así siempre son un gusto.

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  5. Gracias de nuevo, muy esclarecedor. Sí, la sobreprotección es sin duda una causa importante de la falta de valor y que se "cura" haciéndote independiente. Ahora, si en lugar de sobreprotección hay casos de negligencia y/o violencia de cualquier tipo, entonces, cómo distinguir el miedo "sano" del miedo "paralizador".

    Por otro lado, me surge otra pregunta...la sobreprotección, ¿se puede ejercer hacia uno mismo? Es decir, que no sea una causa externa, sino interna, pero que produzca los mismos efectos que una externa.

    Bueno, espero que tanta pregunta no te incomode. No sabía si enviarte un e-mail ya directamente, pero es que me resulta muy interesante lo que cuentas y cómo lo cuentas.

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    1. Cuando la causa de la baja autoestima o el miedo es un maltrato, sea este por acción u omisión, estamos hablando de un trauma. Lo que pasa en estos casos es que hay tres cuestiones que impiden tanto una buena autoestima como el asumir esos riesgos y la valentía de hacer lo que uno quiere:
      1. necesidad de aprobación constante: al no recibir el afecto que necesitamos por nuestra naturaleza, se crea una necesidad de este afecto muy superior al normal, como compensación
      2. falta de validación como persona: las necesidades y opiniones de esa persona han sido invalidadas y la idea que ha interiorizado es que no cuentan y no son válidas. Ya no confía en el propio criterio, porque éste solo le ha traído desaprobación.
      3. indefensión aprendida: falta de control sobre los resultados de sus actos, "portarse bien" a veces trae aprobación y a veces no; la violencia (por acción u omisión, insisto) aparece sin estar relacionada con sus actos, por lo que no puede predecir qué ocurrirá si actúa de un modo u otro y tampoco puede evitar o poner fin al sufrimiento.

      Entonces lo importante es conseguir reforzar los últimos dos puntos, que harán disminuir el primero. Hay que validar a esta persona, escucharla, respetar sus sentimientos y verbalizar explícitamente que son validos, aunque no se compartan. Cuando se trata de un adulto, lo mejor es que ese adulto haga esto por sí mismo, ya que este refuerzo externo puede crear dependencia de la persona que lo ofrece.
      Con la indefensión aprendida, lo mismo. Hay que demostrar (o demostrarse) que los actos de uno sí son relevantes para el resultado, que la situación de violencia vivida no es la norma. De esta manera también la persona empieza distinguir el miedo sano del paralizador.
      Es un proceso largo y complejo, que requiere una intervención especializada en violencia, ya que estos traumas tienen unas características específicas y si no las conoces puedes causar dolor y empeorar el sufrimiento. A la larga también depende de la resilencia de la persona, hay muchos que consiguen sobreponerse a esta clase de infancia sin necesidad de intervención.

      De todos modos, el miedo sano se puede distinguir porque, cuando los riesgos no son vitales, no te impide actuar. Un miedo paralizador te impide hacer aquello que más deseas hacer. Un miedo sano solo te frena un poco, para que reflexiones y tomes las medidas de seguridad.

      Claro que se puede ejercer sobreprotección sobre uno mismo, lo hacemos todos constantemente. Cada vez que no te atreves a salir de tu zona de confort, te estás sobreprotegiendo, para evitarte una incomodidad. Cada vez que no hacemos algo por miedo al ridículo, nos estamos sobreprotegiendo. A veces hay que darse una patada en el culo a uno mismo y enviarse directo a aquello que nos resistimos a hacer, solo por romper esta dinámica de sobreprotección.

      Por supuesto que no me incomodan las preguntas, al contrario, te estoy muy agradecida, porque no me gusta mucho hacer monólogos sin intervención de otras personas.

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  6. Gracias de nuevo. He aprendido muchísimo. Seguiré leyéndote y preguntando :-)

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    1. Gracias, tú sabes el feedback como el tuyo es un alimento muy nutritivo para un blog.

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  7. Trabajo en una guardería con niños de dos años y uno de los temas que más me preocupa es la formación de una buena autoestima.
    En una ocasión había una niña que apenas se atrevía a hacer cosas nuevas. Por ejemplo, hacía el mismo puzle una y otra vez. Cuando le proponía hacer un puzle nuevo su comentario era siempre el mismo, sin ni siquiera intentarlo: no puedo, no sé, ayúdame. Naturalmente que le ayudaba, pero me daba cuenta de que ella por sí sola no avanzaba. Si la dejaba sola, miraba cómo los otros niños hacían bien los puzles (o al menos lo intentaban) y a veces lloraba. Mi preocupación era como sacarla de ese contínuo ayúdame sin dejarla sola frente al problema. Pues veía que realmente ella no se sentía capaz.
    Hablé con su madre y me comentó que en casa apenas le dejaba hacer cosas por lo mucho que tardaba, ella tenía un horario de trabajo muy complicado y no podía “perder tiempo”. Pero tiene que haber algo que se le dé bien, insistí. “Saltar desde las sillas como una cabra”, me contestó.
    Al día siguiente organicé un concurso de saltos desde una silla, y naturalmente, la que ganó fue ella. La felicité efusivamente, le puse una medalla de campeona de saltos de silla y todos reconocimos lo valiente que era. Durante un mes había concurso de saltos dos veces a la semana, concurso que ganaba ella (aunque yo tuviera que hacer alguna trampeja para ello). Poco a poco fue ganando confianza en sí misma y abordando otras actividades, que yo tenía cuidado de seleccionar en nivel de dificultad creciente, para que no fueran a suponerle un fracaso pero tampoco estar instalada en su zona de confort.

    Lo que yo buscaba era que esta niña tuviera experiencias de éxito en algo, porque el éxito se retroalimenta. Una vez que has tenido éxito en algo te sientes con fuerza para abordar nuevas actividades. En este sentido, abordar temas escolares desde las inteligencias múltiples me parece un acierto, porque el niño que no es bueno en una cosa lo es en otra. Solo hay que descubrirlo y trabajarlo, utilizar aquellos aspectos en los que se es más diestro para desarrollar aquellos otros en los que se destaca menos.
    Al menos en este caso funcionó. La autoestima de esta niña mejoró y terminó el curso al mismo ritmo que el resto. Lo que no sé es que hubieran pensado los padres si se hubiesen enterado de los concursos de saltos.

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    1. Gracias por contarnos esta historia.

      Es evidente que el problema de esta niña era su madre, que no podía “perder el tiempo” con su hija. Cuando te refieres a las tareas implícitas de la educación de un hijo como una pérdida de tiempo, empezamos mal, nada bueno puede salir de ahí.

      Si a la niña no la dejan hacer nada a solas ella entiende que es porque no sabe (ni sabrá, a solas) hacer nada. De ahí que diga "ayúdame" frente a las tareas nuevas, es porque en casa siempre lo hace con su madre (o más bien su madre lo hace todo). Se trata del típico caso en el que los padres incluso hacen los deberes de los niños para que estén listos rápido y bien. Esta madre esta impidiendo activamente el desarrollo normal de la CONFIANZA de la niña, así como su autonomía personal. Habría que ver si la niña es realmente lenta o si solo es la percepción de una madre demasiado acelerada.
      En todo caso, si fuera lenta, no se trataría de inteligencias múltiples, sino de ritmos múltiples, que también los hay. De lo que cuentas, nada me hace pensar que la niña no tuviera las mismas habilidades que los demás niños, lo único que veo es que ella no creía tenerlas, por lo tanto no las ejercitaba. Y como nunca la han dejado medir sus capacidades a solas con los retos, ha interiorizado que no puede hacerlo.

      “Saltar de las sillas como una cabra” no era una tarea, no era algo que tuviera que hacer, sino una actividad elegida libremente en la que nadie le decía cómo hacerlo, en cuánto tiempo, ni se esperaba un resultado final. Al ser libre en esta actividad, la niña ha podido desarrollar su potencial y adquirir confianza, asumir retos mayores, hasta ser realmente buena en esto. Pero nada nos dice que no fuera capaz de las mismas proezas haciendo puzles, si la hubieran dejado hacerlos.

      Creo que en el caso de esta niña también habría que trabajar los aspectos en los que ella cree no ser buena, porque esta carencia (falta de confianza en su capacidad de abordar cualquier tarea) la va a limitar, le va a restar opciones en la vida y seguirá pensando que estas determinadas cosas no se le dan bien. Es fácil subir la autoestima haciendo cosas que se te dan bien (yo esta estrategia la hubiera empleado con un niño que no se integra en el grupo, pues lucirse en lo suyo le daría notoriedad y estatus), pero hay que abordar también la confianza frente a los nuevos retos y la autonomía personal.

      No soy de las que opinan que hay tareas o materias que a alguien no se le dan bien. Creo más bien que estamos muy condicionado a pensar esto según hayan sido nuestras primeras experiencias con la tarea en cuestión, el grado de aprobación recibido, etc.

      Por último, algo me dice que esta niña no recibía suficiente atención en casa (bueno, el "algo" es simple: que su madre tuviera siempre tan poco tiempo y que quisiera hacer los puzles nuevos siempre contigo). Es posible que ella también usara esta supuesta incompetencia para retener al adulto a su lado. Puede que en la familia se haya instaurado la dinámica de la madre que lo hace todo para acabar rápido y la niña que exagera su incompetencia para retener a su madre con ella. Para averiguar esto habría que poner a la niña a hacer el puzle con otro niño, no contigo. Si con otro niño tampoco sabe hacerlo (o se mantiene al margen, o llora, o cualquier cosa que no sea involucrarse en la tarea) se trata de necesidad de atención por parte del adulto.

      Muy interesante está resultando este debate sobre la autoestima :)

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