Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

La rebeldía

Estos días cientos de miles de personas se han sentido impactadas por la historia de una gatita, Broken, cuya historia puedes conocer aquí. Una gatita de apenas dos meses que, junto a sus hermanos, ha sido usada como balón de fútbol por unos niños. Los dos hermanos murieron a causa de los golpes, pero Broken fue rescatada en el ultimo momento, en condiciones deplorables, con lesiones muy graves. Fue operada y cuidada, pero finalmente anoche también murió.
A raíz de esto hay una gran indignación, hay resentimiento y odio hacia esos niños y sus padres, mucha, mucha rabia que, de estar presentes, podría derivar en violencia hacia ellos. Se cree que esos niños son unos monstruos y nadie piensa que sus hijos fueran capaces de hacer algo así. Pero lo cierto es que sí lo serían.



Los humanos, cuando actuamos en grupo, llegamos a hacer cosas terribles. Y también podemos llegar a hacer cosas maravillosas cuando actuamos en grupo. La diferencia entre hacer cosas terribles o cosas maravillosas no reside en los humanos que conforman el grupo, sería fantástico poder decir que los malos hacen cosas malas y los buenos hacen cosas buenas. Si esto fuera así, el mundo sería un lugar mucho mejor, porque los malos son minoría. Pero cuando actuamos en grupo, las buenas personas podemos hacer cosas terriblemente malas. Muchos, la mayoría, han hecho cosas terribles y cosas maravillosas sin distinción. 
La diferencia entre un grupo de humanos que hace cosas terribles y un grupo que hace cosas maravillosas está en su líder. Hay grandes ejemplos en la historia de la humanidad, tanto de unos como de los otros. 

Cuando un líder, como en este caso ha sido el veterinario que atendió a la gatita, Carlos Rodríguez, levanta su voz humana, nos arrastra hacia nuestro lado más puro y nos une para una buena causa. Más de once millones de personas se han sentido tocadas por la historia de la pequeña gatita y, aunque no hay cifras, estoy segura de que decenas de miles de ellas han llorado al conocer su muerte. 
La mala suerte fue que el líder del grupo de niños usó su liderazgo para destruir la vida de tres cachorros de la manera más cruel. Es evidente que ese niño sufre graves deficiencias afectivas y que tiene una autoestima lamentable si necesita reforzar su liderazgo con este tipo de actos. Pero estoy segura de que este mismo niño, a solas, no habría cometido esta barbaridad, incluso puede que se hubiera puesto a jugar con los gatitos. Sé de lo que hablo, he conocido situaciones muy parecidas. He visto con mis propios ojos a uno de esos niños, líderes destructivos y sin piedad, salvar a un gatito que se encontró en la calle; un niño que nunca hacía caso a nada, obedecía a rajatabla mis instrucciones para atender el gatito, llevarle al veterinario, etc. Pero lo hacía porque estaba solo, en grupo es posible que le hubiera matado, para demostrar su malentendida fortaleza emocional. Y los demás niños habrían colaborado con él, para no parecer menos, perder su amistad, o para que no se rían de ellos. 

Así somos los humanos. En grupo, la responsabilidad de nuestros actos se diluye. Somos capaces de torturar con nuestras propias manos si así nos lo dicta quien se ha erigido líder. "Sólo cumplo órdenes" es nuestra excusa favorita en estos casos, empezamos con una pequeña injusticia y acabamos obedeciendo en cosas que no nos habríamos creído capaces de obedecer jamás.
Quiero que mires este documental que habla justamente de este tema, de cómo somos capaces de hacer cosas que sabemos con toda seguridad que están mal y que hacen sufrir a otro ser, cuando nos lo dicta alguien al mando. Sí, es largo, pero por favor, míralo, necesitas saber esto para poder educar a los niños.




Los humanos necesitamos aceptación por parte del grupo. Dejar de "cumplir órdenes" tiene un coste. Pero mientras no seamos capaces de asumir ese coste, así nos expulsen del grupo, o del trabajo, o de donde sea, jamás conseguiremos que este mundo sea más humano. El mayor peligro de este mundo no son los lobos, sino las ovejas que les siguen. Si quieres un mundo mejor, educa en la rebeldía frente a lo injusto, frente a las crueldades, frente a la violencia. Educa en la integridad moral, sea cual sea el coste de esta integridad.


Comentarios

  1. Me parece bien Anca. La responsabilidad se diluye en el grupo. Pero el grupo está comandado por alguien. Y ese alguien tiene un comportamiento sádico. Siempre ha habido niños que atacaban a los gatos. No lo hacían todos los niños pero algunos sí. Como también ha habido niños ( más bien niñas) que los cuidaban. Lo que ocurre es que antes no se le daba la misma importancia a eso.
    Es muy importante aprender a no dejarse arrastrar por las multitudes, pero también hay que ver que hay personas que tienen impulsos destructivos, y aunque sean niños, pensar en la manera en que esos impulsos pueden ser controlados.
    Sumando ambas cosas, podremos mejorar mucho el mundo.
    Un saludo.

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    1. Así es, hay que controlar los impulsos sádicos cuando surgen, justo de esto estoy hablando. Y esos impulsos sádicos se controlan mediante el rechazo de este tipo de actitudes (dejemos de lado aquí a las personas que sufren alguna enfermedad psicópata, yo hablo de los "sádicos normales" que puede ser cualquiera).

      Desde aquí vemos solo la escena final, con los niños dando patadas al gatito. Pero eso no empezó así, de haber empezado así, habrían protestado todos los niños. Empezó con una pequeña broma molesta para los animales, por parte del líder. Otro de los niños la repitió, para agradar al líder. Otro, compitiendo por su status en el grupo hizo algo un poco más fuerte... y así siguió la historia hasta llegar, cada vez más acalorados, a cometer una atrocidad. Lo he visto muchas veces. Y también he visto como estas conductas, si se rechazan desde el inicio, desaparecen.

      La violencia nunca empieza en su fase más alta. Empieza poco a poco. Y hay que enseñar a los niños que la rechacen, sea cual sea la consecuencia de su rebeldía, porque la violencia solo puede darse si el entorno lo permite.
      Por otro lado, ese supuesto niño sádico, que no es más que un niño, al obtener solo rechazo a raíz de su conducta, tendrá que cambiar de estrategia si quiere mantener el liderazgo.

      En todo caso, dado que no tenemos influencia sobre niños que no conocemos, lo único que podemos hacer para cambiar esto es educar a los nuestros, que asuman con valentía la rebeldía cuando lo que hace el grupo no está bien. Que no se dejen llevar hasta convertirse en sádicos ellos también.

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