Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

Escogiendo libros y juegos para los niños

A la hora de escoger libros, juguetes u otros materiales para los niños (y muchas veces a la hora de diseñarlos, por parte de personas que convierten lo infantil en un tema menor) uno de los criterios básicos que se emplean, más allá de lo que pueda aportar al desarrollo de los niños, es que el material en cuestión les entretenga.

Bien, yo no estoy de acuerdo con que a los niños haya que entretenerles, del mismo modo en que no creo que haya que entretener a los adultos. Entretener es distraer. A los adultos se nos entretiene para que no pensemos demasiado profundo (no vaya a ser que queramos cambiar las cosas). A los niños se les entretiene para que no piensen y no tengan ocurrencias, es decir, para que no nos molesten. 


Esto de por sí, es una gran pérdida. Distraer a los niños de sus ideas de niño en una etapa en la que justamente es tan fascinante todo aquello que crea e imagina su mente es mermar de entrada sus capacidades y sueños, a la vez que colaborar activamente en el proceso de "socialización" entendido en el peor de los sentidos de la palabra.
Pero esto no es todo. Actuando de esta manera estamos dañando su salud. Estamos "animando" su cerebro con colores chillones, sonidos estridentes, llamadas a la acción en imperativo, con muchos signos de exclamación. La consecuencia de esto es que los niños se ven sobreestimulados sensorialmente desde la mañana hasta la noche. Han habido casos de ataques de epilepsia por la sobreestimulación provocada por dibujos animados, pero más allá de esto, lo que está ocurriendo a nivel general, es que los niños han perdido su capacidad de concentración y de crear. La práctica totalidad de los niños que he conocido a lo largo de los últimos quince años han perdido su capacidad de concentración: en su tiempo de ocio se dedican a la búsqueda de estímulos sacando los juguetes y volviendo a guardarlos inmediatamente para coger otro juguete en una continua búsqueda de algo que no encuentran. Mantenerse por tiempo de quince minutos jugando con un sólo juguete es algo que casi no se da, a menos que sea en compañía de otros niños que sirvan de estímulo y novedad para el juego. Los niños han perdido la capacidad de estar a solas con su imaginación.

Al someter el cerebro a un determinado nivel de estímulos, éste va a requerir más ya que está programado para estar alerta y buscar novedades que aporten información útil para la supervivencia. Sólo que los estímulos que ofrecemos en libros, juguetes o películas infantiles hechas sin criterio, para "entretener" no sirven para la supervivencia. Del mismo modo que una película de acción típica no nos aporta a los adultos nada más que el distraernos de nuestros pensamientos, los materiales chillones para niños no les aportan nada más que distraerles de su infancia y, en cambio, vamos a crear esa dependencia de la sobreestimulación sensorial. 

Entonces ¿cómo elegir los juguetes y libros para niños? En primer lugar, esos materiales tienen que aportar algo, que no sean el mero equivalente infantil de una película de acción. En segundo lugar, se deben escoger materiales que dejen espacio a la imaginación, que no den todo masticado, para que los niños puedan completar en su mente aquello que no está explicitamente mostrado (y hay autores que son verdaderos maestros en el arte de sugerir sin necesidad de explicar en exceso). Y también tenemos que comprobar que estos materiales dejan espacio a la reflexión y a la calma, que no apremian a los niños a pasar de una acción a otra (la primera señal de peligro son los signos de exclamación que pueden aparecer en el libro), sino que dejan espacio a que éstos den el siguiente paso a su propio ritmo. Las estridencias en cuanto a colorido o sonidos también se deben evitar: igual que nos estresan a nosotros, son estímulos que estresan a los niños.


El problema aquí es el de siempre: la idea de que los niños son diferentes a los adultos. Me resulta incomprensible este desconocimiento sobre la mente infantil, porque todos los que somos adultos hoy hemos sido niños alguna vez. Y si uno mira con absoluta sinceridad en sus adentros se dará cuenta que debajo de todas las máscaras adquiridas con los años no somos muy diferentes de quienes éramos a los cuatro años. Tenemos que comprender que igual que el corazón, los riñones o el páncreas de un niño tiene el mismo funcionamiento que el de un adulto, su cerebro también guarda esta semejanza. Por lo tanto, la mejor selección es en base a nuestras propias reacciones: si un material nos provoca estrés, es seguro que también se lo va a provocar a un niño. Es así de sencillo.


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