Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

Los proyectos propios

Una inmensa mayoría de personas viven una vida de proyectos ajenos. Si estás leyendo este blog, seguramente no eres una de ellas, pero hay una mayoría de personas que cumplen con su trabajo ( el de su empleo) y después nada. "Nada" no significa que se tumban panza arriba en el sofá, la mayor parte de ellos son personas muy ocupadas, con infinidad de obligaciones, otras practican algún deporte, arte  o hobby. "Nada" significa que después de dedicar gran parte del día a los proyectos ajenos para ganar el sustento, ya no se enfocan en otro proyecto, en uno que le sea propio. Hay quien piensa que practicar un hobby es lo mismo que tener un proyecto propio y, a la larga, puede suceder así, pero la diferencia entre un proyecto y un hobby es que el primero requiere un compromiso y sobre todo tiene una meta bien definida, un resultado concreto que se espera obtener. 


Pero ¿acaso se nos ha enseñado a tener proyectos propios? De pequeños, tanto en la escuela como en casa, se enseña a los niños a cumplir con las tareas y las obligaciones que tienen asignadas y después, cuando han terminado, es tiempo de ocio (en el mejor de los casos). Pero nadie les habla de tener sus propios proyectos, de que se asignen sus propias tareas para lograr una meta decidida por ellos mismos: lo que se espera de ellos es que cumplan las tareas que otros les han asignado. Es más, en muchos hogares, cuando un niño toma la iniciativa de empezar un proyecto propio (por ejemplo construir un juguete con materiales que tenga por ahí), este proyecto se clasifica automáticamente en la categoría de "ocio" y es secundario a la hora de organizar el día. Con esta actitud lo que estamos transmitiendo a los niños es el mensaje de que sus propios proyectos son secundarios, lo principal es satisfacer los proyectos de los demás. Después, cuando llegan a la adultez, se encuentran con un mercado de trabajo que pide personas con iniciativa, capaces de crear proyectos, o incluso peor, con un mercado de trabajo que no les permite entrar y con la necesidad de crear sus propios proyectos para ganarse la vida. Y se espera de ellos que, de un plumazo, borren toda la educación recibida sobre la insignificancia de los proyectos propios. 

Una vida equilibrada se compone de tres áreas: el cumplimiento de las obligaciones, la inversión de tiempo en proyectos propios y el ocio. Y eso es algo que los niños deben aprender y practicar desde pequeños. A veces ocurre (igual que nos ocurre a los adultos) que las obligaciones respecto a proyectos ajenos devoran la mayor parte del tiempo y hasta tienden a llenarlo por completo. Hay muchos niños cuya agenda está tan llena que no tienen tiempo ni de jugar, que es la base de todo aprendizaje y además un derecho de la infancia. En cuanto a las tareas escolares para después de clase ¿realmente no hay otro modo de hacerlo? ¿qué vida nos quedaría a los adultos si, al salir de trabajar, los jefes nos mandaran sistemáticamente (y con amenaza de penalización en caso de no hacerlo) tareas que nos van a ocupar al menos la mitad de nuestro tiempo libre? Las clases de inglés después del colegio ¿son un proyecto del niño o de los padres? ¿y las clases de violín? ¿y las de ballet o pintura? 

La agenda de un niño es la agenda de su formación. Si en esta agenda no están los proyectos propios, aquellos que le interesen al niño y arrancados por su iniciativa, estamos socavando su capacidad innata de crear, de proponer, de llevar una vida autónoma. Pecamos de enseñarle a priorizar proyectos ajenos y de dar importancia a su educación intelectual (en cuanto a contenidos) en detrimento de su educación vital, como persona con autonomía que se supone que tiene que llegar a ser. Estamos creando personas dependientes, tanto desde el sistema educativo, como desde casa.


En Google los empleados tienen asignado un porcentaje de su tiempo laboral para dedicarlo a proyectos propios y muchos de los servicios o mejoras que disfrutamos han salido de este tiempo de trabajo libre de los empleados. La escuela podría implementar este sistema y, si la escuela no lo hace, se tiene que implementar desde casa. No sólo estaremos educando con mayor respeto, no sólo les estaremos preparando mejor para el futuro, sino que los niños también se sentirán más felices y confiados al ver que sus ideas pueden ocupar un lugar digno en sus vidas.


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