Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

No se trata de dar alas, sino de no cortar las que tienen

Una de mis películas favoritas es Billy Elliot, película que ya ni sé cuántas veces he visto. Dejando aparte todo el contexto de la historia que cuenta, las maravillosas interpretaciones y especialmente la de Jamie Bell, lo que me conmueve es lo identificada que me siento con el protagonista, igual que muchas de las personas que hoy somos adultas.

Desde los 4 años supe que quería ser bailarina de ballet clásico y me recuerdo toda mi infancia pidiendo ir a clases de ballet, hasta que, a los 14 años, me dijeron que me habían puesto excusas para que se me pasara la edad y así ya no pudiera hacerlo. Una mente adulta, con sus conceptos adultos había decido qué era lo que yo podía o no podía hacer con mi trayectoria vital, por supuesto "por mi bien".

Los adultos no tenemos ningún derecho a hacer esto con los pequeños por el mero hecho de que legalmente tenemos que autorizar sus actividades. Y no, no se trata de darles alas a los pequeños, metiéndoles pajaritos en la cabeza haciéndoles creer que va a ser fácil o que van a comerse el mundo. Se trata de respetar las alas con las que vienen al mundo y permitirles que prueben a vivir una vida diferente a la que hemos vivido nosotros, que busquen su propio camino y que tomen sus decisiones.

No sé si yo habría llegado a gran bailarina alguna vez, nunca lo sabré. Puede que sí o puede que, con el tiempo, yo misma me hubiera dado cuenta de que, aún amando el ballet, lo que conlleva esa profesión no encajaba con otros aspectos de mi personalidad. Y en ese caso habría tomado mis propias decisiones al respecto. 
Porque la vida es eso, un camino de exploración en busca del propio sitio en el mundo. La infancia es la parte con mayores necesidades de exploración, porque en esa etapa las personas todavía no han descartado nada y tienen que probar aquello que les llama la atención a ver si es por ahí o si es por otro lugar. No podemos, los adultos, decidir y descartar sus opciones simplemente por el hecho de que, cuando hicimos nuestras propias elecciones, la opción que nos presenta el niño estuvo entre las descartadas. 

En la película Billy Elliot, un hijo de minero acabó siendo bailarín. Pero en la vida real, demasiadas veces el hijo de un minero acabará siendo minero y el de un bailarín acabará dedicándose al espectáculo, porque estas son las opciones que ofrecemos a nuestros niños. Seamos creativos en esto de decidir vidas, o, mejor todavía, dejemos que sean los propios niños los creadores de su futuro.


Comentarios

  1. Pues yo Anca, aunque en parte estoy de acuerdo, también en parte discrepo. En su momento, mis padres me sacaron de la cabeza estudiar Literatura e Historia. Acabé haciendo Derecho, y no me arrepiento.

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    1. Claro, no puedes arrepentirte de perderte algo que desconoces, pero creo que la principal razón por la uq no te arrepientes es porque fue TU decisión: cuando hablamos de elegir entre estudiar literatura o derecho, no hablamos de un niño, sino de un joven con capacidad de decisión y autonomia suficiente como para llevar a cabo sus proyectos, se oponga quién se oponga.
      En el caso de los niños, éstos no pueden más que acatar lo que los adultos decidan. Ni tienen el derecho legal de tomar decisiones sobre sí mismos, ni tienen la autonomía como para desplazarse a los sitios a los que quieran ir, etc. De ahí la importancia de contar con ellos y respetar sus deseos, hacer otra cosa es imponer y es abusar del poder que tenemos. Una cosa es aconsejar (no dar alas) y otra es prohibir (cortar las alas que uno tiene). A eso me refiero.

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  2. Desarrollar los propios talentos y animar a tus hijos a que lo hagan, esa es la cuestión.

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    1. Y escuchar a qué se animan ellos, indistintamente de lo que nosotros pensemos.

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