Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

Consumismo anticreativo

Estamos acostumbrados a tirar de monedero cada vez que necesitamos o deseamos alguna cosa, por simple que ésta sea. Es lo que se nos pide como ciudadanos, que consumamos para levantar el país y lo más cómodo es cumplir con lo que se nos pide. Sacar el monedero es rápido y nos permite ahorrar tiempo y esfuerzo mental: así no tenemos que pensar de qué otro modo podríamos cubrir una necesidad o deseo, sean nuestras o de nuestros niños.

Pongamos por ejemplo que tenemos una niña que quiere una casita de muñecas. Entonces sacamos el monedero y compramos alguna de esas muñecas flacas que vienen con unos cuantos accesorios de color rosa y van cumpliendo la función, aunque no sea la casita entera. ¿Pero por qué no construirla? Si tienes una caja de cartón, un poco de arcilla y cuatro trozos de tela, puedes hacer la casita en tu casa, junto a la niña. Y será una casita única, tendrá justo los muebles que quiere la niña, se podrá ir ampliando y perfeccionando con el tiempo, etc.

Los niños disfrutan creando sus propios juguetes. Es algo que han hecho siempre, salvo en las últimas décadas en las que todo viene dado, con todas las consecuencias que ello supone. ¿Quién no ha oído contar a alguna persona mayor que, de pequeños, fabricaban sus propias pelotas con trapos y cualquier cosa que encontraran por ahí? Está en la naturaleza de los niños el crear sus propios juguetes pero, a golpe de monedero, les estamos privando de esta necesidad suya de crear y experimentar

Habrá quien diga que los niños de hoy ya no disfrutan creando juguetes, pero me temo que es un gran error pensar así. Por lo que yo llevo comprobado, a los niños les encanta no sólo combinar piezas de distintos juegos para inventarse otros nuevos, sino que también les gusta formar parte del proceso de elaboración de sus juguetes. En los últimos años, muchas veces he optado por elaborar en el aula los juegos que me resultaban interesantes para ellos, en vez de comprarlos (y hasta hemos llegado a inventar nuestro propio juego de mesa original y único). El resultado de estas actividades siempre ha sido positivo, hemos disfrutado creando (y manchándonos de pintura y pegamento) y después hemos disfrutado jugando. Tras semanas trabajando en la elaboración del juego, el día en que por fin se estrenaba y se jugaba una partida era casi un día de fiesta, a los niños les hacía muy felices ver que aquello en lo que habían trabajado resultaba jugable y que les estaba dando horas extra de placer. Habían trabajado (disfrutando) y era el momento de recoger los frutos de su trabajo. 
La experiencia de ese mismo juego habría sido muy distinta si yo lo hubiera comprado y llevado al centro sin más: en ese caso las cosas habrían aparecido no se sabe de dónde sin que ellos tuvieran nada que decir al respecto, sin ningún esfuerzo por su parte para conseguirlo, sin que lo que ellos hicieran o dejaran de hacer tuviera el menor impacto en el premio obtenido

Esto último es muy importante, ya que es la diferencia entre educar niños empoderados y resolutivos o niños dependientes de las circunstancias, con indefensión aprendida. La creatividad, es decir la capacidad de inventar el modo de satisfacer sus deseos, empodera a los niños, mientras que el consumismo los hace dependientes y los deja indefensos ante las circunstancias que no dependen de ellos. Y ambas actitudes se reproducirán en la vida adulta.


Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo Anca
    Eduquemos la creatividad desde pequeños que buena falta nos haxe cuando somos.mayores

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    1. En realidad es tan fácil como permitir que se mantenga la creatividad de los niños. Mucho más fácil, desde luego, que convencer a un adulto de que, pese a todo, su creatividad sigue ahí. Y sí, mucha falta nos hace, de adultos.

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