Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

La creatividad cotidiana

La creatividad, aunque precise de una acción, no es una acción por sí misma, no hay un interruptor en nuestras cabezas que podamos apretar en on/off para activarla o desactivarla. La creatividad es una forma de relacionarse con la vida y con el entorno, una actitud vital. Es una búsqueda continua de nuevas ideas, de nuevos modos de ver las cosas y de darles la vuelta. Para que esto sea posible, debemos practicar la creatividad cotidiana.


En el artículo anterior, una de las actividades de ejemplo era la de dar un tiempo limitado para crear un elefante con lo que hubiera por casa. Si necesitamos 15 minutos para acabar de preparar la cena, en vez de dejar a los niños con la televisión o un vídeojuego, podemos plantearles este tipo de retos, que, además, les encantarán. Este tipo de actividades se pueden convertir en algo cotidiano.  Se trata de sacar partido a cualquier momento para jugar a componer algo, para cuestionarse y para crear nuevas imágenes mentales con las que jugar.

Un juego que puede convertirse en cotidiano (para mí lo es) es el de tomar al pie de la letra las expresiones, incluso los errores en la forma de expresarse. Los niños cometen muchos errores al pronunciar las palabras, al construir sus frases o al usar las frases hechas. 

Recuerdo que en una ocasión les enseñé el libro "Emigrantes" de Shaun Tan, un libro maravillosamente ilustrado, que simula las fotografías antiguas, aunque está hecho íntegramente a lápiz. Y yo, fascinada con estas ilustraciones, les decía: "Aunque no os lo creáis, esto está hecho con un triste lápiz".  Días después los niños repetían, a su manera, mis palabras: el libro había sido ilustrado con un lápiz triste. En este caso habían sido ellos los que habían tomado al pie de la letra mis palabras y las habían convertido en algo extraordinario.
Y así nace una imagen mental y tooooda una historia que podríamos hilvanar: ¿por qué estaba triste el lápiz? ¿y qué hizo al respecto? ¿y qué pasó después? Y podemos ir más allá: ¿existen los lápices furiosos? ¿y cómo dibujan esos lápices? ¿y los lápices felices? Podemos revisar todos los lápices que tenemos para descubrir sus emociones por la forma en la que dibujan y darles el tratamiento adecuado, si es que lo precisan. 

El día a día está repleto de ocasiones para desarrollar la capacidad creativa de los niños, sólo hace falta estar presente (en todos los sentidos) y adoptar esta actitud nosotros mismos, como adultos.

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