Apps para desarrollar la creatividad de los niños

Imagen
Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

El gran ausente en la educación: la experimentación

Kelvin es un niño de Sierra Leona que busca en los vertederos cualquier cosa aprovechable para la subsistencia. Los vertederos en los que busca son en realidad nuestros vertederos, los de los occidentales: ahí van a parar todos los artilugios que desechamos en cuanto sale un modelo mejor. Las condiciones de vida en su pueblo son, para la mayoría de los habitantes, por debajo del umbral de la pobreza y sólo disponen de electricidad una vez por semana. 
Con las piezas electrónicas encontradas en la basura, Kelvin construye cosas: una batería para tener luz, una emisora de radio... Nadie le ha enseñado, ha aprendido el solo (y me resulta especialmente relevante que lo hiciera sin poder probar sus inventos más que una vez por semana, cuando llega la electricidad) experimentando y rebuscando en libros de la biblioteca, obsoletos.

Nuestros niños, en cambio, van a la escuela para aprender cómo hacer las cosas. Profesores especializados les enseñan todo lo que saben y cuál es el modo correcto de hacer cualquier cosa que esté en el currículo. Hay toda clase de materiales disponibles para ello (sí, pese a los recortes, los hay). Pero si, cuando acaban las clases, les pedimos a estos mismo niños que construyan o dibujen algo que nadie les ha enseñado hacer, se quedan paralizados: "No sé cómo se hace", dicen. Lo que quieren decir, en realidad, es que no saben cuál es la manera correcta de hacerlo. Les hemos acostumbrado a que siempre hay una manera correcta de hacerlo, una manera que los adultos conocemos y que les vamos a enseñar para que la reproduzcan con fidelidad, bajo pena de recibir una baja puntuación en caso de que no sea así. Les hemos cortado sus alas de niños curiosos que abren los juguetes para ver qué llevan dentro ("Esto no se hace" -les reñimos; y si la puntuación es baja, les volvemos a reñir). 

En estos momentos, por norma general, nuestros niños no experimentan en ningún momento del día, ni en casa ni en la escuela. Queremos que se porten bien por encima de todo, que no destrocen las cosas, que mantengan el orden y la limpieza, que no hagan ruido. En resumen, que no nos molesten. No es intención de los adultos cortarles las alas, pero en el camino de convertirles en niños "buenos", lo que se consigue es anular su curiosidad, su impulso por explorar y experimentar y, en consecuencia, su creatividad. Y en el camino de enseñarles cómo se hacen las cosas exactamente, lo que se consigue es privarles del beneficio de descubrirlo por ellos mismos. 

Kelvin es un niño corriente. Un niño con gran talento para la electrónica, pero no más talento del que otros niños tendrían en otros campos si les dejáramos experimentar, desmembrar objetos y descubrir qué es aquello que les apasiona. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Apps para desarrollar la creatividad de los niños

La paciencia

Por qué los niños son más creativos