Apps para desarrollar la creatividad de los niños

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Este artículo nace a raíz de una conversación en el muro de Facebook Laura Mascaró, donde me he comprometido a escribirlo. El tema es la tecnología. Hay muchos padres y madres que se resisten a acercar a sus hijos a la tecnología, creyendo que les perjudica o que perderán las habilidades analógicas, etc. Pero lo cierto es que esta privación del acceso a las herramientas, que han venido para quedarse, abre una brecha de habilidades y destrezas entre estos niños y los que sí tienen esta oportunidad, una brecha que se agranda cada vez más y que puede suponer una gran desventaja competitiva en su vida adulta.

Corregir una creación

Conozco a mucha gente que desearía escribir pero no se atreve. Y muchos escritores tardíos que no se atrevían en su momento. Y lo mismo pasa con el dibujo. Pero esto no ocurre en absoluto con la danza o con el teatro. ¿Por qué pasa esto, cuando en realidad el teatro y la danza son, por sus características, artes en los que el ridículo del principiante queda mucho más expuesto? La respuesta es simple: la escritura y el dibujo son aspectos que se trabajan en la escuela, algo que, por lo tanto, se evalúa y corrige. Con este sistema de evaluación y corrección se puede garantizar que sólo van a sobrevivir continuar lo que son excepcionalmente buenos en algún aspecto (y éstos sólo son buenos porque han encontrado la soltura antes que sus compañeros, no por su capacidad).

Cuando un niño crea algo de su invención, está experimentando y ensayando. No le va a salir bien a la primera, a nadie le sale bien a la primera, ni siquiera a los genios. Claro que habrá millones de cosas que corregir y mejorar, pero ¿realmente es buena idea hacerlo? En cada corrección, por amable que sea, estamos diciendo implícitamente: el resultado no es bueno, no sabes hacerlo. A veces decimos, con intención de reforzar: "Qué dibujo más bonito" y añadimos (en nombre de la educación y la mejora constante) "pero te has salido por fuera al pintar". Desde luego, es la peor manera de hacer una crítica. Los "peros" son los que más se quedan grabados en nuestro cerebro porque quitan importancia a lo anterior. Si no podemos resistir la tentación de mencionar el fallo, sería más adecuado decir "Te has salido por fuera, pero me encanta tu dibujo". Este "pero" es positivo y quita importancia al fallo. 

De todos modos, es mejor no hacer este tipo de críticas. Un borrador siempre tiene "peros" y hay que asumir que los niños, hasta cierta edad, siempre producen borradores. La mayor parte de las veces, por las prisas para acabar (su noción del tiempo es diferente de la nuestra), no alcanzan el nivel que pueden alcanzar y, como educadores, nos sentimos obligados a sacar ese potencial a la luz. Entonces ¿cómo provocar estas mejoras, sin criticar ni corregir?

Para empezar, hay que eliminar las prisas. Es complicado, hasta el momento el único modo que he encontrado para que un niño deje de hacer una tarea con prisas ha sido poniéndome yo misma a hacer la misma tarea a su lado, de esta manera el niño se contagiará del ritmo y lo asumirá como propio (y he llegado a tener a un grupo de niños muy, pero que muy movidos, trabajando sin descanso hasta dos horas en su dibujo, porque yo tardé dos horas en hacer el mío). 
Después, en vez de criticar el resultado, lo mejor es subir el nivel en la siguiente ocasión, de este modo, aunque haya nuevos fallos, en un trabajo más complejo se esmerará más y realizará correctamente los retos del nivel anterior. Se verá obligado a superarse a sí mismo sin necesidad de críticas ni correcciones. Una persona (y recordemos que los niños son personas) se siente más motivada a dar lo mejor de sí cuando ve que va superando retos, que cuando le hacen ver que no ha alcanzado el nivel que se esperaba.
Cuando el "fallo" es recurrente, otra opción es plantear el reto de antemano en vez de criticarlo a cosa hecha. A los niños les encantan los retos tipo "A que no puedes..." y un trabajo planteado así les va a llevar a dar lo mejor de sí. Por ejemplo: "Qué dibujo tan hermoso has hecho, pero esto es muy difícil pintarlo sin salirte por fuera, seguro que no puedes hacerlo". Y, magia potagia, resulta que sí que pueden.

Dicho esto, me queda hacer una petición a los profesores y maestros que lleguen a este blog: por favor, no corrijáis las faltas de ortografía de sus cuentos o invenciones, en sus primeros pinitos como creadores. Si queréis que amen la lengua, dejad primero que jueguen con ella sin que nadie les venga diciendo lo que está bien y lo que está mal. Al convertir la lengua en otro juguete más, la amarán y serán ellos mismos los que busquen hacerlo cada vez mejor, leerán más y, cómo consecuencia de todo esto, estarán más lejos de las faltas de ortografía. Dejad que fluyan, que experimenten, que se sientan primero confiados en que pueden hacerlo. Ya habrá tiempo de corregir. Ningún escritor escribe su primera versión perfecta, ni lo más grandes, así que no hay motivo para exigir esto a los pequeños escritores.

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